¡Michoacán está que arde, y no es por el chile! Este martes 9 de diciembre, el gobernador Alfredo Ramírez Bedolla se coló por la Puerta 8 de Palacio Nacional para reunirse con la presidenta Claudia Sheinbaum. La cita, rodeada de secretarios de Estado, revisa el Plan Michoacán por la Paz y la Justicia, mientras la violencia en el estado pega más duro que un martillo en un clavo.
La reunión llega tras un fin de semana de terror. El sábado 6 de diciembre, un coche bomba explotó en Coahuayana frente a la base de la Policía Comunitaria, dejando seis muertos —tres policías y tres civiles— y varios heridos. La onda expansiva de 300 metros destrozó casas, negocios y 12 vehículos. La Fiscalía investiga si fue terrorismo o un golpe del Cártel Jalisco Nueva Generación, que manda en la zona. Como si fuera poco, en Aguililla un elemento de la Guardia Nacional mató a tres militares en un cuartel. Y no olvidemos los asesinatos del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, y del líder limonero Bernardo Bravo.
Bedolla, en redes, presume el plan con Sheinbaum: cinco universidades Rosario Castellanos, diez bachilleratos nuevos y 60 ampliaciones educativas para alejar a los jóvenes de la violencia. El gobierno federal inyecta 57 mil millones de pesos en 100 acciones y 12 ejes estratégicos, combinando presencia territorial y desarrollo social. Para 2026, Sheinbaum promete 37 mil 450 millones en becas y bienestar para 1.5 millones de michoacanos.
Pero con Los Viagras y el CJNG extorsionando en el Valle de Apatzingán, la paz parece un sueño más lejano que ganar la lotería. ¿Será suficiente educación y lana, o seguirá Michoacán como set de película de acción?


