En un operativo que parece sacado de una serie de narcos, autoridades federales y estatales desmantelaron 11 áreas clandestinas en Culiacán y Cosalá, Sinaloa, territorio del Cártel de Sinaloa. La Secretaría de Seguridad Pública (SSP) de Sinaloa reveló que, bajo la Operación Búsqueda, Localización y Destrucción de Laboratorios Clandestinos, se aseguraron y destruyeron más de 10 mil litros de precursores químicos. Vamos, un cóctel que ni el mejor barman querría mezclar.
Durante reconocimientos terrestres, a pie y motorizados, las fuerzas de seguridad hallaron estos escondites llenos de ingredientes para drogas sintéticas. También confiscaron dos reactores metálicos, un sistema de almacenamiento de agua gigantesco, 70 metros de manguera y dos quemadores de gas. Básicamente, un kit de “hágalo usted mismo” para narcóticos. Todo fue puesto a disposición de la Fiscalía General de la República (FGR) y luego destruido, para que no vuelva a las manos de los chefs del crimen. Las autoridades presumen que este golpe corta de tajo la cadena logística del narcotráfico, como quitarle el Wi-Fi a un gamer.
El operativo fue un esfuerzo conjunto del Ejército Mexicano, Guardia Nacional, Secretaría de Marina (Semar), Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), FGR, Fiscalía General del Estado de Sinaloa y la Policía Estatal Preventiva. Además, el 7 de diciembre, en Concordia, otro operativo en Copala dejó dos detenidos, armas largas, municiones, vehículos, campamentos clandestinos y hasta una planta de energía eléctrica, todo presuntamente ligado al Cártel de Sinaloa.
Esto es un jaque al negocio de las drogas, pero con el Cártel de Sinaloa, nunca se sabe si es jaque mate o solo un turno más en su tablero. ¿Seguirán cocinando problemas o les cortaron la receta de una vez?


