¡Cuidado, que esta no es la mafia de las películas! La Mexican Mafia, también conocida como La EME o Los Carnales, nació en 1957 en una prisión de California, fundada por Luis “Huero Buff” Flores. Lo que empezó como una “pandilla de pandillas” dentro del Deuel Vocational Institution se convirtió en un monstruo criminal, controlando el tráfico de drogas y actividades ilícitas en el mayor sistema penitenciario estatal de EE. UU.
Con miles de afiliados en las calles de California y presencia en al menos 13 estados, la Mafia Mexicana no se quedó tras las rejas. Modelada al estilo de la Mafia siciliana, exige membresía vitalicia con juramentos de sangre y un patrocinador. Sus símbolos, como la letra M y el tatuaje de una mano negra, son tan reconocibles como un mal chiste en una reunión. Bajo líderes como Joe “Pegleg” Morgan y Rodolfo “Cheyenne” Cadena, expandieron su terror fuera de prisión, infiltrándose en programas de autoayuda y comunidades para ocultar sus fechorías.
Sus crímenes van desde robo y extorsión hasta homicidio y tráfico de heroína y metanfetamina. Cobran tributos a pandillas asociadas y han forjado alianzas con cárteles como el de Sinaloa y la Familia Michoacana, además de la Aryan Brotherhood, todo por pura conveniencia económica. “El Proyecto”, un acuerdo con la Familia Michoacana, les aseguró 500 mil dólares y descuentos en drogas a cambio de protección y cobro de deudas.
Intentos de dispersar a sus miembros solo les ayudaron a crecer. ¿Su lema? Si hay billetes de por medio, las rivalidades con grupos como La Nuestra Familia o la Black Guerrilla Family se olvidan. Esto es más turbio que un reality show de mafiosos.


