¡La ONU vuelve a la acción, pero a medio gas! Este miércoles, un alto funcionario de la organización anunció la reanudación parcial de actividades en la frontera entre Afganistán e Irán, suspendidas a principios de noviembre por restricciones del gobierno talibán al personal femenino local. Tom Fletcher, jefe de operaciones humanitarias, explicó en el Consejo de Seguridad que las autoridades talibanas prohibieron a finales de octubre que “casi todas” las mujeres afganas trabajaran en el centro de acogida de migrantes de Islam Qala, el principal punto de paso para afganos expulsados de Irán.
Tras negociaciones, un pequeño grupo de empleadas del sector sanitario pudo regresar, permitiendo reanudar servicios de salud vitales de forma limitada. Sin embargo, otras operaciones siguen en pausa. Fletcher instó a los talibanes a levantar estas restricciones, recordando que desde 2022 prohíben a las ONG emplear mujeres afganas, medida que se extendió a la ONU en 2023, aunque con ciertas excepciones en sectores específicos o trabajo remoto. “La ausencia de mujeres en el trabajo es un trágico recordatorio de las inaceptables restricciones que enfrentan”, lamentó.
Además, Fletcher alertó sobre el impacto devastador de los recortes globales a la ayuda humanitaria en Afganistán. Este invierno, por primera vez en años, casi no habrá distribución de alimentos internacional, y más de 300 sitios de asistencia nutricional han cerrado. Con 3.7 millones de niños necesitados de apoyo nutricional, incluyendo 1.7 millones en riesgo de muerte sin tratamiento, las consecuencias serán “catastróficas”. Esto pinta más desolador que un invierno sin calefacción, y la comunidad internacional parece estar mirando para otro lado.


