Claudia Sheinbaum, presidenta de México, aclaró en su mañanera que la renuncia de Alex Tonatiuh Márquez, exdirector de Investigación de Aduanas, no tiene que ver con corrupción ni chanchullos turbios. Fue una decisión personal, aunque el titular de la Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM), Rafael Marín Mollinedo, aceptó su salida sin drama. “No sabemos si EE. UU. le quitó la visa o lo investiga, pero no hay nada concreto ahora”, dijo Sheinbaum, más evasiva que un gato en un baño.
La mandataria insistió en que, si surgen señalamientos de irregularidades, la Fiscalía General de la República (FGR) y la Secretaría de Anticorrupción y Buen Gobierno entrarán al quite. “No seremos tapadera de nadie. Si hay algo sospechoso, se investigará por la vía administrativa o penal. Honestidad ante todo”, subrayó, dejando claro que su gobierno no juega a esconder trapitos sucios. Por ahora, no hay acusaciones específicas contra Márquez, pero su adiós a Aduanas es definitivo, como un meme que ya no pega.
En otro tema de la conferencia, Sheinbaum abordó la propuesta de Donald Trump de clasificar al fentanilo como arma de destrucción masiva. “Apenas se publicó ayer, vamos a analizar qué implica. Parte es ley en EE. UU., parte decreto”, explicó. A diferencia de Trump, que parece querer tratar el fentanilo como villano de película de acción, México apuesta por atacar las causas del consumo: problemas sociales, familiares y de salud mental que llevan a los jóvenes a escapar de la realidad.
Mientras tanto, el fentanilo sigue siendo el elefante en la sala diplomática, y Sheinbaum promete no solo castigar, sino entender por qué las drogas son el refugio de tantos. ¿Será esta una batalla de visiones o un nuevo reality internacional?


