¡Alerta en la selva! Estados Unidos ha decidido pegar la etiqueta de “terrorista” al Clan del Golfo, el cártel colombiano que mueve más cocaína que un camión de mudanzas. Marco Rubio, secretario de Estado, juró usar todo el arsenal gringo para proteger a su país del tráfico de drogas, como si fuera un superhéroe con capa y presupuesto ilimitado.
Esto llega tras meses de ataques estilo Hollywood en el Caribe y el Pacífico oriental, donde Washington desplegó militares para jugar al gato y el ratón con lanchas de presuntos narcos. Resultado: 95 fiambres y contando. Rubio, con cara de póker, repitió que EE. UU. no parará hasta frenar la “violencia y terror” de carteles internacionales, mientras el Clan del Golfo mueve toneladas de polvo blanco hacia EE. UU. y Europa, según inteligencia colombiana.
Mientras tanto, en Colombia, el presidente Petro intenta apagar el fuego negociando el desarme de grupos armados desde el histórico pacto con las FARC en 2016. El Clan, con 6,000 a 7,000 miembros, se autoproclama “político” y pide trato VIP. El 5 de diciembre, en Catar, acordaron con el gobierno seguir charlando para pacificar sus territorios. ¿Funcionará? Es más dudoso que un mensaje de “te explico luego” en WhatsApp.
Por su parte, Trump no se queda quieto y ha intentado debilitar a Petro con sanciones, mientras Rubio lo tilda de “lunático” por criticar la campaña de deportación de migrantes. Esto parece una telenovela política con más giros que una carretera de montaña. ¿Habrá paz o más balas? Solo el tiempo dirá si este culebrón termina en boda o en funeral.


