En 2025, la Ciudad de México y los bancos mexicanos vivieron un culebrón digital que ni el mejor guionista de Netflix podría inventar. Ciberataques a cinco portales del gobierno capitalino y a instituciones financieras dejaron pérdidas de más de 33 millones de pesos, poniendo a todos a sudar más que en un gimnasio sin aire acondicionado.
Todo empezó el 5 de junio, cuando el portal de educación en protección civil fue hackeado, seguido por la Caja de Previsión el 21 de agosto, donde los empleados ya no podían checar sus recibos sin temor a que alguien más lo hiciera por ellos. El 10 de octubre, el C5 también cayó, aunque Salvador Guerrero Chiprés juró que no era cosa del crimen organizado y que los datos sensibles estaban a salvo. Luego, el 24 de octubre, la Agencia Digital de Innovación Pública y, el 4 de noviembre, el Sistema Ajolote de Datos Abiertos sufrieron lo suyo. Hasta el Observatorio de Hundimientos de Iztapalapa se convirtió en un sitio de apuestas, como si los baches no fueran suficiente apuesta diaria.
En el sector financiero, tres bancos reportaron ataques: uno en abril con pérdidas de 2.73 millones de pesos en cajeros, otro en junio con un golpe de 30.49 millones, y un tercero en agosto que afectó transferencias. Expertos como Álvaro Vértiz y Leidivino Natal da Silva dicen que los hackers usan inteligencia artificial para deepfakes y phishing, explotando el desconocimiento de usuarios, especialmente adultos mayores.
Mientras los bancos invierten en seguridad, el reto es pasar de apagar incendios a prevenirlos con IA que analiza miles de alarmas en minutos. ¿Será que los hackers están un paso adelante o solo están jugando al gato y al ratón digital? Esto parece más riesgoso que confiarle tu contraseña a un desconocido en un chat.


