La jefa de gabinete de la Casa Blanca, Susie Wiles, ha soltado la lengua en Vanity Fair, pintando el Gobierno de Donald Trump como un reality show con más drama que un culebrón de medianoche. En 11 entrevistas con Chris Whipple, Wiles describe a Trump como un “alcohólico sin alcohol”, con una personalidad que podría derribar paredes sin martillo, y una sed de venganza que ni un villano de cómic.
Dentro del circo, Wiles no escatima en dardos. Llama al vicepresidente JD Vance un “teórico de la conspiración vintage”, sugiriendo que su cambio de crítico a fan de Trump huele más a estrategia senatorial que a amor verdadero. También arremete contra Elon Musk por desmantelar USAID como si fuera un juguete roto, y critica a la fiscal general Pam Bondi por su manejo inicial de los archivos de Jeffrey Epstein, un fiasco que hizo gruñir a la base trumpista. Bondi primero prometió destapar secretos jugosos y luego dio marcha atrás como si hubiera visto un fantasma.
Wiles intentó frenar a Trump en temas candentes como indultos a los violentos del 6 de enero de 2021 o aranceles comerciales locos, pero confiesa que convencerlo es como negociar con un rinoceronte. También abogó por más cuidado en las deportaciones para evitar metidas de pata, y aunque no critica los ataques a barcos venezolanos ligados al narco, insinúa que el verdadero plan es sacar a Nicolás Maduro del juego, aunque cualquier invasión necesitaría el visto bueno del Congreso.
En el cierre, Wiles se defiende en X, tildando el artículo de difamatorio, mientras Trump, Vance y Bondi le lanzan flores públicas. ¿Lealtad o control de daños? Este Gobierno parece más un circo de tres pistas que una Casa Blanca.


