¡Houston, tenemos un nuevo jefe! El Senado de EE. UU. confirmó el miércoles a Jared Isaacman, un multimillonario de 42 años y amigo de Elon Musk, como el nuevo director de la NASA. Este empresario, que amasó su fortuna con pagos en línea, ahora cambiará los algoritmos por cohetes, justo cuando la agencia enfrenta recortes más duros que un presupuesto de estudiante.
Isaacman llega con una misión más ambiciosa que un influencer buscando likes: poner a EE. UU. de vuelta en la Luna antes que China y enviar humanos a Marte por primera vez. Bajo la presión de Donald Trump, quien parece querer su propia bandera lunar como trofeo personal, Jared prometió a principios de diciembre ganar esta carrera espacial. “Volveremos a la Luna antes que nuestro gran rival y haremos un campamento permanente”, aseguró ante el Congreso, como si planeara un Airbnb en el cráter Tycho.
Pero no todo es tan brillante como un traje espacial. El programa lunar Artemis de la NASA arrastra retrasos más largos que una fila en el DMV, y muchas voces en EE. UU. temen que Pekín plante su bandera primero. Imagínense el drama: China convirtiendo la Luna en un set de TikTok mientras los gringos aún ajustan tornillos. Isaacman tendrá que acelerar motores si no quiere que Trump le mande un tuit furioso desde Mar-a-Lago.
Así que, mientras el mundo observa esta batalla cósmica, nos preguntamos: ¿logrará este magnate techie llevarnos a las estrellas o se quedará perdido en la burocracia terrestre? Esto pinta más épico que una película de sci-fi de bajo presupuesto.


