Venezuela está en el ojo del huracán tras el anuncio de Donald Trump de bloquear buques petroleros sancionados que entren o salgan del país. El gobierno de Nicolás Maduro calificó la medida de «irracional» y «grotesca amenaza», mientras sigue exportando crudo como si nada, según la estatal PDVSA.
Trump, con su habitual sutileza de elefante en cristalería, insistsió en que no dejará pasar a nadie que «no debería estar pasando», como si fuera el portero de una discoteca VIP en el Caribe. La medida, según él, durará hasta que Venezuela devuelva el petróleo que supuestamente «robó» a Estados Unidos. Mientras tanto, Maduro charló con el jefe de la ONU, Antonio Guterres, pidiéndole que rechace categóricamente las declaraciones de Trump, como si la ONU fuera un árbitro de patio escolar. Guterres, por su parte, solo pidió «moderación» y evitar una escalada, lo que suena a «chicos, no se peleen».
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, también metió su cuchara, instando a la ONU a evitar derramamientos de sangre. Irán y China, aliados de Maduro, denunciaron un «robo a mano armada» y «acoso», respectivamente, mientras el crudo venezolano, que produce 1 millón de barriles diarios con meta de 1.2 millones, sigue fluyendo, principalmente a China. Los precios del petróleo subieron, y Trump ya había ordenado un despliegue militar en el Caribe y Pacífico en agosto, supuestamente contra el narcotráfico, aunque Maduro jura que es para derrocarlo y quedarse con sus reservas.
Para colmo, el 10 de diciembre, militares estadounidenses incautaron un buque con 1-2 millones de barriles, ayudados, según Maduro, por Trinidad y Tobago. ¿Bloqueo o reality show marítimo? Esto pinta más dramático que una telenovela en prime time.


