En su conferencia mañanera de este jueves, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo metió el dedo en la llaga sobre la llamada “Ley Esposa” de San Luis Potosí, que promueve la alternancia de género en la gubernatura, permitiendo la elección de cónyuges de gobernadores actuales. ¿Es legal? ¿Es ético? Ella dice que hay que verlo con lupa jurídica.
Sheinbaum señaló que el Instituto Nacional Electoral (INE) ya establece paridad en candidaturas: si en 2027 se eligen 17 gubernaturas, 9 deben ser mujeres (la mitad más una) y 8 hombres. Esto, afirmó, ha impulsado que más mujeres gobiernen estados y ha roto el mito de que no pueden liderar. Hoy, junto a ella como presidenta, muchas mexicanas y mexicanos tienen gobernadoras, demostrando que las mujeres no solo pueden, sino que lo hacen bien. Pero esta ley de alternancia, ¿realmente ayuda a la paridad o esconde otras intenciones?
La presidenta no se mordió la lengua: sugirió que detrás de la alternancia “una vez mujer, una vez hombre” podría haber intereses más allá del género. Pidió a los congresos estatales analizar bien estas reformas, ya que los partidos ya cumplen con paridad. Incluso solicitó al ministro Zaldívar revisar si esta ley, ya aprobada en San Luis Potosí y discutida en otros estados, es jurídicamente viable, más allá de las impugnaciones políticas como la que Morena, bajo Luisa María Alcalde, planea presentar contra esta medida antes de 2027 y la reforma antinepotismo de 2030.
En resumen, Sheinbaum deja el debate abierto: ¿es la “Ley Esposa” un paso hacia la igualdad o un juego de tronos disfrazado? Que los expertos hablen, porque esto huele más sospechoso que un reality de política.


