Justo cuando Ucrania se alistaba para celebrar Navidad, Rusia decidió enviar un regalo explosivo este martes: un bombardeo de misiles y drones que dejó al país más oscuro que un sótano sin Wi-Fi. Tres personas, incluido un niño, perdieron la vida en este ataque que parece gritar «¡felices fiestas!» al estilo Moscú.
El ataque combinado, que afectó principalmente instalaciones energéticas en regiones occidentales, mató a dos en Yitómir, incluido un pequeño de cuatro años, y a otra persona cerca de Kiev, donde cinco más resultaron heridas. Según el presidente Zelenski, Rusia desplegó más de 30 misiles y 650 drones sobre 13 regiones, como si estuvieran jugando a un videojuego de destrucción masiva. El resultado: cortes de energía de emergencia en todo el país, con infraestructuras críticas dañadas en Chérnigov, Leópolis y Odesa. Mientras tanto, Polonia, vecina y miembro de la OTAN, activó aviones para proteger su espacio aéreo, porque nadie quiere un misil perdido como decoración navideña.
Esto llega días después de charlas de paz en Miami lideradas por EE. UU., donde ucranianos, europeos y rusos hablaron por separado, como exnovios en una boda. Rusia, no contenta con arruinar la luz, exige el Dombás y que Ucrania baje las armas, como si pidiera el divorcio y la casa. Y mientras Moscú presiona en el campo de batalla contra tropas ucranianas en desventaja, uno se pregunta si estas «negociaciones» son solo un pretexto para más pirotecnia.
Así que, mientras Ucrania lidia con la oscuridad y el frío, el mensaje de Rusia es claro: su idea de paz es más retorcida que un guion de Tarantino. ¿Habrá un milagro navideño o solo más drones en el horizonte?


