La tensión entre Donald Trump y Nicolás Maduro ha escalado a un duelo verbal que parece sacado de un ring de lucha libre. Ayer, 22 de diciembre, desde su casa en Florida, Trump soltó que lo más “inteligente” que podría hacer Maduro es dimitir, lanzando una advertencia con más filo que un cuchillo de cocina. “Si se muestra duro, será la última vez que pueda hacerlo”, amenazó, dejando claro que no está para juegos.
Maduro, que no se queda callado, replicó desde un acto en la televisión estatal venezolana que Trump debería meterse en sus propios asuntos. “Le iría mejor si atendiera los temas de su país”, disparó, recordando una llamada “cordial” del 21 de noviembre con el magnate. Cuestionó por qué el 70% de los discursos de Trump parecen girar en torno a Venezuela, como si EE. UU. no tuviera suficientes dramas propios para un reality show.
Mientras tanto, en Caracas, decenas de motoristas vestidos de piratas rodaron por las calles para protestar contra la incautación de buques con petróleo venezolano por parte de EE. UU., en una escena tan surrealista que parece sacada de una película de bajo presupuesto. Es como si dijeran: “Si nos quitan el oro negro, al menos nos vestimos para el papel”.
Así que, mientras Trump y Maduro se lanzan indirectas más afiladas que un meme viral, el resto del mundo observa este culebrón internacional. ¿Será solo retórica o el próximo episodio tendrá más acción que palabras? Esto está más tenso que un cable de alta tensión.


