En un informe que parece más un guion de drama trágico, la ONG Caminando Fronteras revela que 3,090 personas, incluyendo 192 mujeres y 437 niños, perdieron la vida entre enero y el 15 de diciembre de 2025 intentando llegar a España. Aunque la cifra cae un 70.3% respecto a las 10,400 víctimas de 2024, no hay nada que celebrar. Helena Maleno, coordinadora del estudio, advierte que la reducción no significa mayor seguridad, sino que las tragedias se fragmentan en embarcaciones más pequeñas.
El análisis cubre la Frontera Occidental Euroafricana, desde Guinea Conakry hasta Argelia, y detalla 303 tragedias, con 70 embarcaciones desaparecidas sin rastro. La ruta argelina, ahora la más transitada hacia España, suma 1,037 víctimas en 121 desastres marítimos, mientras el trayecto a Ibiza y Formentera se corona como un desafío náutico mortal, ignorado por instituciones. La ruta atlántica a Canarias, aunque menos activa, sigue siendo la más letal con 1,906 fallecidos, y una nueva vía desde Guinea Conakry eleva el riesgo a niveles de película de terror.
El Estrecho no se queda atrás, con un aumento de intentos y 139 víctimas en cruces a nado hacia Ceuta, un 24% de ellos menores. La ONG denuncia la falta de rescates, demoras y nula coordinación entre países, sumado a embarcaciones precarias y rutas eternas. Es como enviar a alguien a cruzar un océano en una balsa de juguete.
Mientras las fronteras se convierten en trampas mortales, Caminando Fronteras opera una línea de alerta 24/7 desde 2007, intentando salvar vidas en un juego donde las reglas parecen escritas para perder. ¿Hasta cuándo seguirá este reality de la desesperación?


