En un giro más extraño que un cover de jazz en un mitin político, el Kennedy Center de Washington, recién rebautizado como Trump-Kennedy Center por una junta de allegados al presidente republicano, está viendo cómo artistas cancelan shows como si fueran citas de Tinder. La movida desató un drama digno de ópera.
Músicos que iban a tocar a fin de año, como el grupo de jazz The Cookers, que canceló su concierto del 31 de diciembre, dijeron que el jazz es libertad, no un telón de fondo para polémicas. Doug Varone and Dancers, programados para abril de 2026, también se bajaron, declarando en Instagram que no pisarán una institución “antaño prestigiosa” ahora marcada por el nombre de Trump. Kristy Lee, cantante folk, confesó que cancelar su show de enero de 2026 le duele en el bolsillo, pero perder su integridad sería un golpe más duro que un micrófono roto.
Richard Grenell, presidente del centro, estalló en X, tildando a los artistas de “activistas” y acusándolos de boicotear las artes “para todos”. Hasta amenazó al músico Chuck Redd con una demanda por un millón de dólares, alegando “intolerancia” en una carta que parece escrita con más drama que un guion de Hollywood. Mientras, la Casa Blanca confirmó el cambio de nombre el 18 de diciembre, pese a la furia de la familia Kennedy y los demócratas. La nueva dirección cortó shows de drag y eventos LGBT+, apostando por conferencias religiosas y artistas cristianos, aunque las ventas de entradas están más bajas que el volumen de un concierto acústico.
Esto pinta como un reality show cultural. ¿Próximo acto? ¿Un duelo de banjos entre política y arte?



