En una movida que parece sacada de un blockbuster de acción, el jefe del Pentágono, Pete Hegseth, reveló el lunes que cerca de 200 militares estadounidenses irrumpieron en Caracas para capturar a Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, en la madrugada del sábado. Fue el fin de casi 13 años de gobierno del líder venezolano, acusado por Washington de ser el cerebro de un cártel de narcotráfico más grande que un festival de reguetón.
Hegseth, fanfarroneando desde Virginia, presumió que “los mejores estadounidenses” detuvieron a Maduro sin una sola baja gringa, como si fuera una misión de videojuego en modo fácil. Aunque Trump y su equipo ya habían soltado detalles el domingo, hasta ahora no sabíamos que 200 soldados y más de 150 aeronaves, llegadas desde bases regionales, participaron en este operativo digno de un guion de Michael Bay. Eso sí, el conteo de heridos yanquis sigue siendo un misterio, mientras Cuba lamenta la pérdida de 32 de sus ciudadanos en el ataque.
Maduro y Flores, ya en Nueva York, se declararon no culpables el lunes ante un tribunal, como si estuvieran audicionando para un drama legal. ¿Qué sigue? ¿Un spin-off de esta operación con drones narrando en tiempo real? La verdad, esto tiene más giros que un helicóptero en plena misión.
Mientras Caracas sigue siendo un hervidero de tensiones y los titulares no paran de zumbar, una cosa queda clara: esta captura no es solo un golpe al poder venezolano, sino un show geopolítico que podría tener temporadas enteras. ¿Próximo episodio? Quién sabe, pero seguro será igual de explosivo.


