¡Cuando ni la fe ni la Guardia Nacional alcanzan! El sacerdote y activista Filiberto Velázquez Florencio fue desplazado de Guerrero tras amenazas directas del crimen organizado, a pesar de contar con protección de la Guardia Nacional desde octubre de 2023. La Diócesis de Chilpancingo-Chilapa confirmó su salida, considerando insuficientes las medidas de seguridad frente a los riesgos recientes.
Velázquez, director del Centro de Derechos de las Víctimas de la Violencia Minerva Bello, se convirtió en blanco por su trabajo con víctimas de desaparición y violencia armada. Sobrevivió a un ataque armado en la carretera Chilpancingo-Chilapa en 2023 y enfrentó una campaña de desprestigio en redes, vinculándolo sin pruebas a grupos criminales. “Dañan mi honor y me ponen en riesgo real”, denunció el 30 de noviembre, señalando incluso a cuentas ligadas a autoridades municipales.
El obispo José de Jesús González Hernández lamentó la situación, comparándola con el caso del ex obispo Salvador Rangel. “Quien busca paz en Guerrero se expone”, afirmó, añadiendo que la Iglesia no quiere mártires, sino sacerdotes vivos para seguir ayudando. Por eso, decidieron alejar a Filiberto del peligro inmediato.
Conocido por mediar treguas entre cárteles como Los Tlacos y Los Ardillos en 2024, Velázquez siempre aclaró que su rol era reducir la violencia, no aliarse con criminales. Sin embargo, su labor lo llevó a ser hostigado, incluso por soldados en mayo de 2024, y a sufrir atentados que lo obligaron a resguardarse en la Normal de Ayotzinapa. Ahora, fuera de Guerrero, su caso refleja el peligro de buscar paz en un estado donde las balas pesan más que las palabras.


