En un giro más dramático que una telenovela en prime time, Delcy Rodríguez, presidenta interina de Venezuela, jura que manda sin títeres extranjeros tirando de los hilos, aunque Donald Trump no deja de recordarle quién cree que lleva el mando. Investida el lunes con el respaldo militar y de los poderes públicos, Rodríguez gritó en TV estatal: “Aquí gobernamos nosotros, no hay agente externo”. Claro, mientras Trump le susurra al oído que si no juega limpio, pagará un precio más caro que un boleto de avión en temporada alta.
Rodríguez asumió tras la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores en una incursión militar de EE. UU. que dejó decenas de muertos, incluidos 55 militares cubanos y venezolanos. Trump, en plan guionista de acción, insiste en que él puso a Delcy al frente, descartando por ahora a la oposición de María Corina Machado. Maduro, ahora enfrentando cargos de narcotráfico en EE. UU., se autoproclama “prisionero de guerra” y “presidente decente”, aunque el juez le cortó el discurso más rápido que un corte publicitario.
Bajo presión gringa y con el chavismo en modo reorganización, Rodríguez mantiene el gabinete de Maduro, con pesos pesados como Diosdado Cabello y Vladimir Padrino. Un exdiplomático yanqui soltó que debería dormir con un ojo abierto, porque sus “aliados” podrían estar afilando cuchillos. Mientras, el interinato de 180 días busca ganar tiempo, coqueteando con petroleras estadounidenses y tal vez elecciones, según analistas. Protestas diarias exigen la liberación de Maduro, y Rodríguez, alabada por algunas como “revolucionaria”, navega un mar más turbulento que un meme viral en Twitter.
¿Logrará mantener el barco a flote o será solo un cameo en esta saga? Esto está más enredado que un cable de audífonos en el bolso.


