Si creías que el drama venezolano no podía subir de tono, piénsalo de nuevo. Autoridades locales denunciaron este miércoles que el bombardeo estadounidense del 3 de enero, que culminó con la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores, dejó un reguero de destrozos en infraestructuras civiles. No solo cayeron soldados —56 venezolanos y cubanos, según reportes—, sino que también una instalación científica y un almacén de medicinas cerca de Caracas quedaron hechos polvo.
El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, señaló que varias poblaciones sufrieron las consecuencias, aunque aún no hay un conteo oficial de heridos y muertos. Mientras, la ministra de Ciencia y Tecnología, Gabriela Jiménez, compartió un video en Telegram mostrando el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) reducido a escombros. Dos misiles dieron en el blanco, dejando estructuras metálicas derretidas y fragmentos por doquier. Otros cuatro edificios del IVIC también se llevaron su dosis de caos.
En La Guaira, el estado portuario vecino de Caracas, los misiles no discriminaron y alcanzaron zonas residenciales, causando al menos una muerte civil. El gobernador Alejandro Terán lamentó la pérdida de un almacén de medicamentos, afirmando que toneladas de medicinas y alimentos quedaron calcinadas. Aunque sin pruebas concretas, el video que colgó en redes pinta un panorama desolador. Eso sí, asegura que la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, tiene todo “bajo control”. ¿Control? Más bien parece un circo sin domador.
Este operativo, que también se extendió a otros tres estados, dejó más que cicatrices militares. ¿Misiles contra medicinas? Esto parece una película de acción con un guion muy, muy retorcido.


