Desde el soleado puerto de Acapulco, durante la Mañanera del Pueblo, la presidenta Claudia Sheinbaum presumió un logro que ni el mejor mago podría igualar: una reducción histórica del 65% en el promedio diario de homicidios dolosos en Guerrero. Con una estrategia que parece receta de cocina –mezcla de inteligencia, investigación y coordinación con el gobierno estatal y federal–, la mandataria destacó que la violencia ya no manda en estas tierras.
Marcela Figueroa Franco, del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, desglosó los números como si fueran el marcador de un partido ganado. En 2025, los homicidios dolosos en Guerrero bajaron un 24%, de 4.7 a 3.4 casos diarios respecto al año anterior. Si ampliamos la lupa entre octubre de 2024 y diciembre de 2025, el promedio diario cayó de 6.58 a 2.32 víctimas, un desplome del 65%. Acapulco, antes el rey de los titulares trágicos, también se lució: pasó de 2.32 homicidios diarios en octubre de 2024 a solo 0.68 en diciembre de 2025, un bajón del 71%. Anualmente, de 2024 a 2025, la cifra bajó de 1.76 a 1.32 casos diarios, un 25% menos.
Además, los delitos de alto impacto se redujeron un 28%, de 5.60 a 4.01 casos diarios. En 2025, Guerrero registró mil 312 homicidios, el año menos violento en la historia reciente, y diciembre cerró con solo 72 casos, un número que no se veía desde 2015. Sheinbaum señaló que la entidad pasó de estar en el top de la violencia al puesto 13 nacional. Para rematar, el gobierno estatal sumó mil cámaras de vigilancia, 71 patrullas nuevas y certificó al 70% de sus policías.
Parece que Guerrero está dejando de ser el patio trasero de los problemas. ¿Será que la paz por fin se instaló a tomar margaritas en la playa de Acapulco? El reto, dicen, es no bajar la guardia, porque la violencia es más resbalosa que un pez en aceite.


