¡Esto es amor del bueno, o al menos eso parece! Kim Jong Un, el mandamás de Corea del Norte, le escribió una carta melosa a Vladimir Putin prometiendo apoyar “incondicionalmente todas sus políticas y decisiones”. Sí, leyó bien: incondicionalmente. En un texto publicado por la agencia norcoreana KCNA, Kim se declara dispuesto a estar siempre al lado del líder ruso “por su bien y el de Rusia”, como si fuera el mejor amigo que te presta su chaqueta en un día frío.
La carta responde a una “cálida felicitación” que Putin supuestamente envió por el cumpleaños de Kim. “Es una profunda expresión de amistad y confianza en mí, mis camaradas y todo el pueblo coreano”, escribió el norcoreano, agradecido como si le hubieran regalado un pastel de tres pisos. Aprovechó para recalcar que esta relación es “una de las más preciadas y un orgullo”, mientras los lazos entre Pyongyang y Moscú se han apretado últimamente, especialmente en temas militares.
Kim no se quedó en palabras bonitas. Prometió que la “estrecha cooperación” seguirá en varias áreas, alineada con la “asociación estratégica integral” entre ambos países y los intereses de sus pueblos. Vamos, un compromiso más serio que un anillo de diamantes. Para rematar, le deseó a Putin “buena salud y éxito en sus importantes tareas”, y al pueblo ruso “éxito y victoria”, con un tono que parece sacado de un discurso de guerra épico.
¿Es esto un simple intercambio de cortesías o un pacto que debería ponernos los nervios de punta? Con estos dos, la “amistad” suena más sospechosa que un trato en un callejón a medianoche.


