Si creías que la telenovela de César Duarte, exgobernador de Chihuahua, no podía tener más episodios, agárrate. El 12 de enero, el juez Daniel Marcelino Niño Jiménez le otorgó una suspensión provisional contra su vinculación a proceso. Pero calma, no es que Duarte ya esté planeando su fiesta de bienvenida; sigue bien resguardado tras las rejas. Esto es solo un “alto ahí” temporal, no un “váyase a su casa”.
Según los registros judiciales, esta suspensión implica que, tras la etapa intermedia, el proceso se pausa para Duarte hasta que se decida algo definitivo. Traducción: no hay boleto de salida del Centro Federal de Readaptación Social No. 1, mejor conocido como El Altiplano, el resort de máxima seguridad en el Estado de México. Ahí sigue, probablemente echando de menos el aire libre de Chihuahua, mientras su caso da más vueltas que un trompo.
Recordemos que el 14 de diciembre, la Fiscalía General de la República (FGR) lo vinculó a proceso por presunto uso de recursos de procedencia ilícita. La jueza María Jazmín Ambriz decidió que Duarte no era precisamente un huésped de confianza para andar suelto, así que lo mandó directo al penal más exclusivo del país. Detenido desde diciembre de 2025, su historia parece sacada de un guion de intriga política con toques de tragicomedia.
Entonces, ¿qué significa esto? Que Duarte tiene un pequeño escudo legal por ahora, pero no el pase VIP para salir. Es como ganar un punto en un partido que vas perdiendo por goleada. ¿Logrará darle la vuelta al marcador o seguirá siendo el protagonista de este drama carcelario? Esto está más enredado que un chisme de pueblo.


