¡Trump está de nuevo en modo conquistador! El presidente de EE. UU. soltó este viernes que podría castigar con aranceles a cualquier país que no apoye su obsesión por comprar Groenlandia, ese pedazo de hielo danés que parece ser su nuevo juguete favorito. ¿Seguridad nacional o capricho de magnate? Esto está más frío que un helado en el Polo Norte.
En una mesa redonda sobre salud en la Casa Blanca, Trump comparó sus amenazas de aranceles por Groenlandia con las que ya lanzó a Francia y Alemania por fármacos el año pasado. Según él, esa isla ártica, repleta de minerales, es vital para proteger a EE. UU. de Rusia y China. Vamos, que quiere Groenlandia como quien pide una pizza extra grande, y si no se la dan, amenaza con enviar tanques o facturas comerciales. Dinamarca y Groenlandia, mientras tanto, están más tensos que un gato en un cuarto de pepinos.
Europa no se queda de brazos cruzados. Varias naciones han enviado tropas al territorio para respaldar a Dinamarca, y una delegación bipartidista del Congreso de EE. UU. aterrizó en Copenhague este viernes para calmar las aguas. Los ministros daneses y groenlandeses visitaron la Casa Blanca el miércoles, pero solo lograron un “desacuerdo fundamental” con Trump. Aun así, acordaron un grupo de trabajo para charlar cada dos o tres semanas. Jeff Landry, enviado especial de Trump, planea visitar Groenlandia en marzo y jura que habrá un trato.
¿Logrará Trump su isla helada o se quedará solo con un cubito en su refresco? Algo nos dice que este drama ártico tiene más episodios que una serie de Netflix.


