Otra vez, el Consulado de México en Atlanta está tocando tambores de guerra, exigiendo a las autoridades gringas que expliquen cómo un inmigrante mexicano, Heber Sánchez Domínguez, de 34 años, terminó su historia bajo custodia del ICE en Georgia. ¿Accidente o descuido? La Cancillería quiere respuestas ya.
En un comunicado que parece escrito con el ceño fruncido, México lamentó la pérdida en un centro de procesamiento migratorio y aseguró estar “coordinando” con Estados Unidos para desentrañar este misterio más oscuro que un capítulo de true crime en Netflix. Pidieron una investigación “pronta y transparente”, porque, seamos sinceros, la transparencia no es precisamente el fuerte de estos centros. Además, ya contactaron a la familia de Sánchez para ofrecerles apoyo consular, orientación y un hombro para llorar mientras planean repatriar el cuerpo lo antes posible, respetando los deseos de los seres queridos.
Este caso no es un incidente aislado; es parte de un guion trágico que se repite. Bajo la política migratoria de Donald Trump, más dura que un bistec olvidado en el asador, los centros de detención del ICE parecen acumular récords macabros. Según datos oficiales, 30 personas fallecieron en custodia en 2025, el número más alto en 20 años, y ya van cuatro en los primeros nueve días de 2026. ¿Coincidencia? Difícil de creer.
Mientras tanto, el Gobierno mexicano expresa condolencias y promete protección a su comunidad. Pero la pregunta queda flotando como un mal chiste: ¿cuántas historias más terminarán así antes de que alguien haga algo? Esto no es un reality show, aunque lo parezca.


