En Taxco, el 90% de la población está sufriendo un drama digno de telenovela: Sonigas, la principal distribuidora de gas L.P., y Gas Misión cerraron sus plantas el 3 de enero, dejando a todos sin combustible para cocinar. ¿La razón? Un misterioso “problema técnico de abasto” que nadie explica del todo.
Han pasado dos semanas y la situación sigue más atorada que un lunes por la mañana. El alcalde Juan Andrés Vega Carranza y el subsecretario estatal Francisco Rodríguez Cisneros juran que están buscando soluciones, incluso coqueteando con el programa federal Gas para el Bienestar como si fuera el salvador de la parranda. Hubo un amago de reactivación el 9 y 10 de enero, pero solo duró unas horas en las instalaciones de Sonigas, sin que los vendedores volvieran a las calles como repartidores de pizza.
Vega Carranza admite que el gas es vital para las familias y el turismo, porque nadie quiere visitar un pueblo donde no puedes ni calentar un café. Ha tenido reuniones con autoridades estatales y federales, aunque los detalles brillan por su ausencia. Mientras, los rumores de extorsión por parte del crimen organizado circulan más rápido que un chisme en WhatsApp, aunque las autoridades lo niegan rotundamente. Algunos choferes hasta piden escolta para sus rutas, por si las dudas.
Con cárteles como el CJNG y La Familia Michoacana rondando Guerrero, la paranoia no es gratuita. Mientras tanto, Taxco espera noticias en los próximos días, porque cocinar con pura esperanza no llena el estómago ni atrae turistas.


