Donald Trump ha sacado su arma más letal contra Francia: un arancel del 200% a sus vinos y champanes. ¿El motivo? Convencer a Emmanuel Macron de unirse a su flamante Consejo de la Paz, una iniciativa que, según él, resolverá los conflictos mundiales. Trump, con su sutileza habitual, soltó que si Macron no se suma, no importa, porque “nadie lo quiere” y “dejará el cargo pronto”.
Cuando un periodista le preguntó sobre los rumores de que Macron rechazaría la invitación, Trump se encogió de hombros y lanzó su amenaza vinícola como si estuviera jugando al Monopoly con bebidas de lujo. Una fuente cercana al presidente francés confirmó el lunes que, por ahora, Francia declina la oferta, como quien rechaza un brindis incómodo. Trump propuso este Consejo en septiembre pasado para acabar con la guerra en Gaza, pero una carta reciente a 60 países revela un plan más ambicioso: poner fin a todos los conflictos globales.
El borrador de la invitación, al que Reuters tuvo acceso, pide a los miembros contribuir con 1,000 millones de dólares si quieren mantenerse más de tres años en el club. Los gobiernos reaccionaron el domingo con más cautela que un gato ante un pepino, y diplomáticos advierten que esto podría sabotear el trabajo de la ONU. Para rematar, Trump reveló el lunes que invitó a Vladimir Putin a unirse. “Ha sido invitado”, dijo, como si estuviera armando el equipo más improbable de superhéroes.
Esto parece un reality show diplomático con apuestas más altas que un casino de Las Vegas. ¿Se unirá Macron por miedo a perder su champán, o Trump terminará brindando solo con Putin? Esto está más burbujeante que una botella agitada.


