Trenes chocan en Córdoba: ¿Alta velocidad o alta negligencia?

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Un desastre ferroviario en España ha puesto los nervios de punta y las preguntas al rojo vivo. El domingo 18 de enero a las 19:45, un tren Iryo 6189 de Málaga a Madrid descarriló en la entrada de la estación de Adamuz, Córdoba, al saltar sus últimos coches sobre una aguja de desvío. El resultado fue un brutal choque con un Alvia 2384 de Renfe, que iba de Madrid a Huelva en sentido contrario. El saldo: al menos 40 muertos, decenas de heridos y una confianza en el sistema más destrozada que un vagón en el impacto.

La línea de alta velocidad Andalucía-Madrid, la más antigua de España desde 1992, es un orgullo nacional que empieza a parecerse a un coche clásico: bonito, pero con piezas que chirrían. Aunque se han hecho mejoras, el sistema de seguridad LZB, de tecnología alemana, está más desactualizado que un Nokia 3310. El moderno ERTMS europeo ya brilla en otras líneas, pero aquí seguimos con un híbrido técnico que parece un parche de emergencia. ¿La causa del accidente? Aún no está clara, pero los trenes eran nuevos, revisados hace días, y la vía estaba en buen estado. Las miradas apuntan al desvío: tal vez la aguja cambió a “recta” antes de tiempo, mandando al Iryo a una colisión digna de película de acción.

Desde que el mercado ferroviario se abrió a competidores como Iryo y OUIGO en 2021, la frecuencia en esta línea aumentó, pero la infraestructura no parece haber seguido el ritmo. Entre retrasos, incidentes con catenarias y vaivenes políticos, la red gestionada por ADIF da más dolores de cabeza que una resaca. La alta velocidad, antes un estandarte, ahora colecciona quejas como trofeos.

Esto no es solo un accidente; es un grito de auxilio para modernizar el sistema. ¿Seguirán los políticos jugando al pase de culpas o pondrán manos a la obra? Porque aquí no solo se descarrilan trenes, sino la paciencia de los usuarios.

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