En un giro que parece sacado de una novela de espías, Delcy Rodríguez, presidenta interina de Venezuela, anunció con bombo y platillo que han entrado 300 millones de dólares de la venta de petróleo venezolano, cortesía de Estados Unidos. Sí, los mismos que derrocaron a Nicolás Maduro el 3 de enero y ahora lo tienen enfrentando cargos de narcotráfico en una cárcel gringa.
Rodríguez, en una transmisión por VTV que parecía más un infomercial, explicó que estos billetes verdes son parte de un acuerdo con Washington, quien controla las ventas de crudo venezolano. De un total de 500 millones depositados en un fondo catarí, los primeros 300 ya están aquí para “estabilizar el mercado cambiario”. ¿La meta? Proteger el poder adquisitivo de los venezolanos y calmar un dólar paralelo más salvaje que un toro en rodeo, que ha llegado a estar 100% por encima de la tasa oficial.
Estos recursos, según la presidenta, irán a un selecto grupo de bancos venezolanos y al Banco Central para inyectar vida a una economía dolarizada que lleva meses sin divisas. “Vamos a financiar el ingreso de los trabajadores y frenar la inflación”, prometió Rodríguez, como si estuviera vendiendo un elixir mágico. Las empresas de sectores esenciales serán las primeras en la fila para este maná financiero.
Mientras Maduro probablemente ve las noticias desde su celda, Venezuela intenta no ahogarse en vaivenes cambiarios. ¿Funcionará esta inyección de dólares o será como echarle gasolina a un carro sin motor? Solo el tiempo dirá si este plan es un golazo o un autogol financiero.


