En un giro que parece sacado de una película de espías con presupuesto bajo, el Gobierno de Trump ha lanzado una operación de control de inmigración en Maine, ese estado tan frío que hasta los pingüinos pedirían asilo. Más de 100 agentes federales desembarcaron esta semana, listos para ponerle hielo a la situación.
Según un funcionario actual y otro que ya colgó el sombrero, el foco está en comunidades de refugiados, incluidos somalíes, que ahora deben sentirse como extras en un reality show de deportaciones. Mientras tanto, la gobernadora demócrata Janet Mills ha dejado claro que no le da la bienvenida a estas tácticas agresivas, como si estuviera defendiendo su casa de una invasión de vendedores puerta a puerta. Pero Trump, con su estilo de “mi manera o la carretera”, no parece estar escuchando, y ha incrementado la presencia de agentes en zonas lideradas por demócratas desde mediados de 2025.
Solo en las últimas semanas, unos 3,000 agentes federales han sido desplegados en Minnesota, como si estuvieran preparando un remake de “Fargo” pero sin el humor negro. En Maine, las comunidades de inmigrantes y el liderazgo político llevan días en modo alerta, probablemente escondiendo pasaportes en latas de sopa. ¿Es esto una estrategia de seguridad o una movida para ganar puntos en un juego político que nadie entiende?
Al final, Maine parece ser el nuevo campo de batalla de una guerra migratoria que tiene más de show que de solución. Si el frío no te saca de quicio, los agentes podrían intentarlo. ¿Próximo episodio? Tal vez un agente disfrazado de alce. Solo el tiempo, y Trump, lo dirán.


