En un drama que parece un culebrón peruano con toques de thriller barato, el presidente interino José Jerí asegura que es víctima de un complot para sacarlo del poder. Este miércoles, frente a una comisión del Congreso que lo investiga por presunto tráfico de influencias, Jerí soltó que no renunciará, aunque su cena encubierta con un empresario chino lo tiene en la mira.
Jerí asumió el cargo el 10 de diciembre tras la caída de Dina Boluarte, en medio de una crisis política tan larga que Perú ha tenido siete presidentes desde 2016, como si fuera un reality de eliminación. La fiscalía abrió una investigación preliminar tras videos que muestran dos encuentros con Zhihua Yang, uno de ellos con Jerí entrando a un restaurante de noche, capucha puesta, como si fuera un espía de película de bajo presupuesto. ¿Tráfico de influencias o simple hambre nocturna? Eso investigan.
El presidente insiste en que no hizo nada ilícito en esa reunión “privada” y quiere saber quién orquesta este supuesto complot para desestabilizar el país antes de las elecciones del 12 de abril, donde no puede participar. Mientras, el legislador Jaime Quito, de izquierda, dice que no hay conspiración, solo “indicios de corrupción”, y pide un juicio político. Bancadas minoritarias incluso presentaron un pedido de censura para votar su destitución.
Jerí, protegido por inmunidad hasta julio, jura que no mintió ni cometió irregularidades. ¿Cena inocente o negocio turbio? Perú sigue en su montaña rusa política, y esta historia tiene más giros que un mal guion. A esperar si la capucha es solo moda o disfraz de algo más oscuro.


