En un giro que parece sacado de una novela de espionaje con presupuesto ajustado, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) reveló este miércoles que Venezuela sigue albergando “centros de detención clandestinos”, a pesar de la liberación de presos políticos. Gloria Monique de Mees, relatora especial para Venezuela, denunció ante la OEA que estas instalaciones son prueba de violaciones estructurales y falta de supervisión. ¿Cárceles secretas? Suena a trama de película de bajo presupuesto.
Aunque el gobierno interino de Delcy Rodríguez ha excarcelado a 143 detenidos políticos hasta el 19 de enero, la CIDH insiste en que la situación de derechos humanos es alarmante. No han pisado Venezuela desde 2002, y piden datos transparentes sobre las liberaciones y el “estado de conmoción exterior” decretado el 3 de enero tras la caída de Nicolás Maduro, ahora awaiting juicio en Nueva York por narcotráfico. La presión de EE. UU. ayudó a estas liberaciones, pero familiares y activistas dicen que van más lentas que un burócrata en lunes por la mañana.
Desde 2014, se reportan 18,739 detenciones políticas arbitrarias, con condiciones deplorables y tortura, según Edgar Stuardo Ralón, otro relator de la CIDH. Mientras, Donald Trump, desde Davos, felicitó al gobierno interino por su “cooperación”, dejando claro que la estabilidad y el acceso al petróleo para multinacionales gringas son la prioridad. María Corina Machado, opositora y fan de Trump, le pidió más presión para liberar a todos los presos, diciendo que no hay transición con represión.
¿Nueva era o mismo guion con actores distintos? Venezuela sigue siendo un rompecabezas político, y Trump parece más interesado en el crudo que en las cárceles. A ver si la “paz” llega con barriles o con justicia.


