Las autoridades de Estados Unidos están jugando al gato y al ratón con Roberto “Beto” Bazán-Salinas, un mexicano ligado al Cártel del Golfo. El 21 de enero, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) lanzó una ficha de búsqueda con su foto, acusándolo de contrabandear toneladas de cocaína, metanfetamina y marihuana desde México. La última pista lo ubica en Matamoros, Tamaulipas, y hasta publicaron un número para que los chismosos den el pitazo.
Mientras tanto, México no se queda atrás en este reality narco. El 20 de enero, capturaron a José Ignacio “N”, alias Nacho Vega, líder y cerebro financiero del cártel, quien manejaba las células Escorpiones y Los Ciclones. Este sujeto, un todoterreno del crimen con cargos de secuestro, extorsión, homicidio y tráfico de drogas, personas y armas, también tiene una orden de arresto en Texas por conspiración y narcotráfico. Lo atraparon con armas largas y cartuchos, como si fuera a abrir una armería.
Por si fuera poco, el 21 de diciembre, en Monterrey, Nuevo León, cayeron tres peces gordos, incluido Mario Alberto Cárdenas Medina, alias El Beto o El Betillo, sobrino de Osiel Cárdenas Guillén, exlíder del cártel. Para el 25 de diciembre, le dictaron prisión preventiva por posesión de armas exclusivas de las Fuerzas Armadas y delitos contra la salud con metanfetamina. El 29, fue vinculado a proceso.
Esto está más caliente que un tamal en Navidad. ¿Lograrán los gringos atrapar a su Beto o seguirá siendo un fantasma en la frontera? Y en México, ¿caerán más piezas del tablero narco? Agárrense, que esto parece un juego interminable de policías y ladrones.


