¡Intriga ártica con un toque de comedia geopolítica! Vladimir Putin se pronunció este miércoles sobre el capricho de Donald Trump por comprar Groenlandia, aclarando que no es asunto de Rusia, pero que Estados Unidos y Dinamarca deben arreglar su pleito solos. Desde Moscú, Putin se ríe viendo cómo esta obsesión de Trump abre más grietas entre Washington y Europa.
En Davos, Trump volvió a calentar el tema, amenazando con aranceles para presionar por Groenlandia, aunque descartó la fuerza mientras negocia un acuerdo sobre este territorio semiautónomo danés. La disputa amenaza con ser el divorcio transatlántico más feo en décadas. Putin, hablando por primera vez en público sobre esto, dijo que Rusia no se opondría a las maniobras de Trump y estimó el valor de la isla en unos 1,000 millones de dólares. «Dinamarca trató a Groenlandia como colonia, bastante dura, por cierto. Pero eso es otro rollo», comentó con indiferencia.
Rusia, con fuerte presencia en el Ártico, disfruta del caos. Serguéi Lavrov, ministro de Exteriores, señaló que Groenlandia, rica en recursos y con bases de EE. UU., no parece «parte natural» de Dinamarca. Putin tiró historia al ring, recordando que Rusia vendió Alaska a EE. UU. en 1867 por 7.2 millones de dólares y que Dinamarca cedió las Islas Vírgenes en 1917. Ajustando por inflación y tamaño, calculó que Groenlandia podría costar mil millones, un monto que, según él, Washington puede soltar sin pestañear.
Mientras Rusia observa desde la grada, uno se pregunta: ¿es Groenlandia el próximo juguete de Trump o solo un sueño helado? Esto tiene más giros que una telenovela en la tundra. ¡Que siga el circo ártico!


