México está jugando al ajedrez diplomático con Estados Unidos, y Marcelo Ebrard, secretario de Economía, asegura que lo hacemos con “cabeza fría y firmeza”, como un sensei en una película de kung fu. Nada de peleas callejeras en redes sociales; aquí se responde con datos y un café bien cargado.
Según Ebrard, no convertir cada roce en un drama de telenovela es pura estrategia, no cobardía. Bajo la batuta de la presidenta, México ha sabido plantarse con argumentos sólidos, sin caer en el juego de quién grita más fuerte. Es como pelear con un oso: no lo retas a un duelo de rugidos, sino que lo esquivas con estilo. Y parece que funciona, porque los productos mexicanos siguen siendo la ganga favorita en el mercado gringo, mientras otros países ven sus precios inflarse como globos en una fiesta gracias a los aranceles.
Ebrard presume que esta postura nos mantiene en la cima del ring comercial. Mientras otros se desgastan en pleitos, México juega al largo plazo, defendiendo intereses sin armar un circo mediático. Es como ser el amigo que no discute en el grupo de WhatsApp, pero siempre tiene la última palabra con un meme perfecto.
En resumen, esta mezcla de prudencia y firmeza parece ser la receta secreta para no terminar como piñata en las tensiones con el vecino del norte. ¿Seguirá funcionando o acabaremos en un reality show diplomático? Por ahora, México sigue siendo el rey de las ofertas al otro lado de la frontera.


