Un niño de cinco años, Liam Conejo Ramos, ha desatado una tormenta de indignación en Mineápolis tras ser detenido junto a su padre ecuatoriano, Adrian Conejo Arias, durante una redada del ICE. La superintendenta de escuelas Zena Stenvik denunció que los agentes usaron al pequeño como “carnada” para entrar a su casa, una táctica más baja que un chiste de mal gusto en un bar.
La imagen del niño con un gorro azul de conejo, agarrado por la mochila por un agente, se viralizó en redes, avivando la furia. El vicepresidente JD Vance defendió la acción, argumentando que protegían al menor tras la supuesta “huida” de su padre, como si dejar a un niño en un centro de detención en San Antonio, Texas, fuera un acto de caridad navideña. Políticos demócratas como Joaquín Castro y Kamala Harris arremetieron, exigiendo que Liam vuelva con su familia y no sea tratado como un peón en este ajedrez migratorio.
El alcalde Jacob Frey y hasta una maestra del pequeño, que lo describió como “brillante”, se unieron al coro de críticas. Mientras, Mineápolis se prepara para protestas masivas bajo el lema “no trabajo, no escuela, no compras”, con marchas y concentraciones, incluyendo una en el pabellón de la NBA. Cientos de comercios cerrarán en repudio a las redadas del ICE en Minnesota, que han tensado el ambiente desde que una mujer murió a manos de un agente el 7 de enero.
El abogado de la familia asegura que cumplían con el proceso de asilo en esta ciudad santuario. Hasta la ONU, por boca de Volker Türk, condenó los “abusos rutinarios”. ¿Proteger o perseguir? Esto huele más feo que un reality de policías sin guion.


