¡Noticia bomba! Este 23 de enero de 2026, el embajador de EE. UU. en México, Ronald Johnson, lanzó flores al gobierno de Claudia Sheinbaum por atrapar a Ryan Wedding, un exatleta olímpico convertido en narco VIP. ¿Quién diría que un snowboarder podía deslizarse tan bien en el crimen?
Resulta que Wedding, quien representó a Canadá en los Juegos Olímpicos de Invierno 2002 con un puesto 24 en eslalon gigante paralelo, cambió las pistas nevadas por rutas de cocaína. Según Johnson, su captura fue un trabajo en equipo entre México y EE. UU., con la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, la Fiscalía General de la República, el Departamento de Justicia y el FBI apretando el cerco. La presión fue tanta que Wedding se entregó voluntariamente, probablemente cansado de esconderse con el Cártel de Sinaloa. Kash Patel, director del FBI, y Omar García Harfuch, secretario mexicano, confirmaron que este tipo encabezaba una red que movía más de mil millones de dólares al año en drogas. Pam Bondi, secretaria de Justicia, no se quedó atrás al destacar su imperio criminal.
Johnson aprovechó para presumir la alianza con Sheinbaum, diciendo que Trump está obsesionado con reventar el tráfico de fentanilo y cazar a los capos que envenenan comunidades. Este arresto, con una recompensa de 15 millones de dólares de por medio, es un golpe a las organizaciones transnacionales. Ambos países se ven como socios soberanos, con diálogos más coordinados que una coreografía de TikTok.
Así que, mientras Wedding pasa de las medallas a las esposas, queda claro que ni el talento olímpico te salva si juegas sucio. ¿Próximo deporte? Esquivar la justicia. Eso sí, este partido ya lo perdió.



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