En un enfrentamiento más salvaje que un clásico con penales, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el Cártel de Santa Rosa de Lima convirtieron una cancha de futbol en Salamanca, Guanajuato, en un campo de batalla. El resultado: 11 personas muertas el 25 de enero en la comunidad de Loma de Flores.
Según revelaron autoridades federales el 26 de enero, este trágico partido no fue un simple pleito de barrio. Integrantes del Cártel de Santa Rosa de Lima habrían apuntado a supuestos miembros del CJNG, disfrazados de empleados de una empresa de seguridad privada. Lo que debía ser un domingo de goles y cervezas terminó en un marcador de terror, con balas sustituyendo balones y sin árbitro que pudiera sacar tarjeta roja a los responsables.
Las averiguaciones federales pintan un panorama más turbio que un vestuario después de un partido bajo la lluvia. Ambos cárteles, en su lucha por el control, no solo patearon el balón fuera de la cancha, sino que destrozaron cualquier noción de paz en Salamanca. No hay detenidos, solo rumores y una comunidad que mira con miedo cada esquina, preguntándose quién será el próximo en recibir un “foul” letal.
Mientras las autoridades prometen justicia, el eco de las balas sigue resonando más fuerte que cualquier grito de gol. ¿Será que algún día estos cárteles firmen un empate, o seguiremos viendo canchas convertidas en cementerios? Esto no es un juego, pero el silbido final en Salamanca dejó un vacío que ni el mejor delantero puede llenar.


