Donald Trump y el gobernador de Minnesota, Tim Walz, tuvieron este lunes una charla que, sorprendentemente, no terminó en gritos. Ambos la calificaron de “productiva” sobre la polémica aplicación de la ley de inmigración, en un posible guiño a reducir la escalada de agentes federales tras la muerte de dos ciudadanos estadounidenses, incluido el enfermero Alex Pretti, de 37 años, en Mineápolis.
La oficina de Walz señaló que Trump consideraría disminuir los 3,000 agentes enviados al estado, una movida que muchos locales ven como una invasión descontrolada. Trump también aceptó coordinar con el Departamento de Seguridad Nacional para que Minnesota investigue el tiroteo del sábado, donde agentes mataron a Pretti. Aunque funcionarios federales lo tildaron de “terrorista doméstico”, un video verificado por Reuters muestra a Pretti con un teléfono, no un arma, antes de ser derribado y disparado, pese a que portaba una pistola con licencia. Trump enviará a su zar fronterizo, Tom Homan, para trabajar con locales, aunque aclaró que Homan “no ha estado involucrado” en la represión.
Mientras, Trump exige que Minnesota entregue a inmigrantes ilegales —algo que Walz dice ya hacen— y que la policía local ayude con la inmigración, una idea que podría encender más ánimos. En paralelo, el estado presiona a la jueza Katherine Menéndez para frenar a los agentes, acusando al gobierno de “poner violencia en las calles”. Menéndez, nombrada por Biden, dudó de su autoridad para intervenir, dejando la decisión en el aire.
Con protestas a temperaturas bajo cero, 60 empresas como Target pidiendo calma y un candidato republicano, Chris Madel, renunciando por la “venganza” de su partido, Minnesota parece un campo de batalla. ¿Será esta “longitud de onda similar” entre Trump y Walz un respiro o solo un espejismo?


