En un hecho que convierte un domingo de futbol en pesadilla, 11 personas fueron asesinadas y al menos seis resultaron heridas en un ataque armado al finalizar un partido amateur en Loma de Flores, Salamanca, Guanajuato, el pasado 25 de enero. La violencia, que ya había paralizado ligas locales, mostró su cara más cruel.
Cerca de las 17:30 horas, tras un encuentro de semifinales entre Biodent de Loma de Flores y San José de Marañón, la cancha estaba llena de jugadores y familias festejando. De pronto, tres camionetas irrumpieron y entre cuatro y ocho hombres armados bajaron disparando sin piedad. Más de cien casquillos quedaron como testigos mudos. El pánico se desató: niños, mujeres y hombres corrieron buscando refugio tras bardas y autos. Los sicarios, tras vaciar sus armas, huyeron rumbo a Irapuato. Entre las víctimas están Carlos Alejandro Moreno, baterista de Reencuentro Norteño, y los hermanos Luis Fernando y Luis Enrique Vázquez Sosa.
La Fiscalía de Guanajuato apunta a una disputa entre el Cártel Jalisco Nueva Generación y el Cártel de Santa Rosa de Lima. Cinco víctimas habrían estado vinculadas al CJNG, trabajando en seguridad privada del evento. Los agresores, identificados como “Los Marros” y Mario Eleazar Lara Belman, alias “Negro”, serían de la facción rival. Hace 20 días, ligas como la de Veteranos ya habían suspendido partidos por extorsiones de hasta 50 mil pesos mensuales y ataques previos.
La gobernadora Libia Denisse García y Claudia Sheinbaum condenaron el hecho, prometiendo justicia. El alcalde César Prieto admitió una descomposición social grave. Mientras, canchas como Los Campos Nuevos permanecen vacías. ¿Futbol o campo de batalla? Esto duele más que un penal fallado en el último minuto.


