¡Agárrense, que esto parece un culebrón internacional! El primer ministro de Canadá, Mark Carney, confesó este martes que charló con Donald Trump el lunes, pero negó haberse tragado sus palabras como si fueran un mal café. Todo esto tras un discurso en Davos que hizo que Trump pusiera cara de haber mordido un limón agrio.
En Davos, Carney soltó una bomba: pidió a los países aceptar el fin de un orden mundial basado en normas, mientras abogaba por diversificar el comercio canadiense lejos de Estados Unidos, que se traga el 70% de las exportaciones de Canadá. Trump, que no se queda callado ni bajo el agua, replicó que Canadá solo existe gracias a su vecino del sur. Como si eso no bastara, amenazó con un arancel del 100% a las importaciones canadienses si Ottawa coquetea comercialmente con China. ¡Eso es más drama que una telenovela en horario estelar!
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, juró que Carney se retractó «muy agresivamente» en la llamada, pero el canadiense lo desmintió con un «No» más firme que un roble. Carney le dejó claro a Trump que Canadá responde a los aranceles forjando alianzas afuera y construyendo en casa, listo para renovar la relación vía el T-MEC, que se revisará este año. Según él, Trump «lo entendió», aunque uno duda si estaba escuchando o tuiteando.
Al final, esto parece una partida de ajedrez con aranceles como peones y discursos como reinas. ¿Lograrán Carney y Trump firmar la paz comercial, o seguiremos viendo este duelo de titanes con más giros que un reality show?


