En su conferencia mañanera de este martes, la presidenta Claudia Sheinbaum soltó la sopa: ha estado insistiendo al gobierno de Estados Unidos para que extradite a varias personas, incluyendo a implicados en la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. “Se lo pedí personalmente al secretario de Estado, Marco Rubio, y seguimos esperando. No aflojamos”, afirmó con tono de quien reclama un pedido atrasado.
Sobre la relación México-EE.UU. en temas de seguridad, Sheinbaum destacó que hay un “tú por mí” en marcha. Mencionó una reciente incautación de armas por parte de los gringos, prueba de cooperación recíproca. “Así como nosotros trabajamos para frenar las drogas que van pa’llá, les pedimos que le metan más ganas a decomisar las armas que vienen pa’cá. Es un tema de mesa en cada reunión”, explicó, como quien negocia un trueque en el tianguis. También agregó que hay pendientes de extradición por huachicol fiscal, con órdenes de aprehensión listas para los prófugos que vacacionan al norte.
En paralelo, el caso Ayotzinapa sigue siendo un rompecabezas. En agosto de 2025, familiares exigieron al Ejército 800 folios con datos clave. Según el abogado Isidoro Vicario Aguilar, esos papeles podrían revelar la ruta de los estudiantes desaparecidos. Hay líneas sin explorar, como el destino de 17 jóvenes llevados a barandillas en Iguala y el análisis de telefonía celular, que avanza más lento que tortuga en arena. En diciembre pasado, la FGR aseguró dos propiedades en Iguala vinculadas a la funeraria El Ángel, en un operativo que parece sacado de serie policiaca.
Sheinbaum no suelta el hueso. ¿Logrará que EE.UU. mande de vuelta a los buscados o seguirá este culebrón bilateral? Esto está más enredado que cable de audífonos.


