La Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó este martes, por un margen más apretado que un pantalón después de Navidad, un acuerdo bipartidista para poner fin al cierre parcial del Gobierno. Ahora, la pelota está en la cancha de Donald Trump, quien debe firmar para convertirlo en ley y sacar al país del atasco presupuestario.
La legislación restaura el financiamiento hasta octubre para defensa, salud, trabajo, educación, vivienda y otras agencias, mientras da un respiro temporal al Departamento de Seguridad Nacional. Esto, mientras los legisladores debaten cambios en las leyes migratorias, un tema más caliente que un asado en verano. El cierre, vigente desde el sábado por la lentitud del Congreso, no ha causado un caos total en los servicios, pero sí muchos dolores de cabeza.
El Senado ya había dado luz verde la semana pasada con amplio apoyo bipartidista, y Trump respalda el plan. En la Cámara, controlada por republicanos, el acuerdo pasó por la mínima: 217 a favor y 214 en contra, con 21 republicanos rebeldes votando “no” y 21 demócratas sumándose al “sí”. Los demócratas empujan restricciones a las tácticas migratorias duras de Trump, especialmente tras la trágica muerte de dos ciudadanos estadounidenses a manos de agentes federales en Mineápolis el mes pasado.
¿Firmará Trump sin montar un show en Twitter? ¿O veremos más drama antes de que las agencias recuperen su presupuesto? Esto parece más un episodio de reality que una gestión seria. Por ahora, el país cruza los dedos para que el Gobierno deje de jugar al “apagado y encendido” y vuelva a funcionar sin tropiezos.


