¡Atención, amantes del drama migratorio! Tom Homan, el jefe interino del ICE y autoproclamado ‘zar de las fronteras’, soltó una bomba este miércoles: recortará 700 agentes en Minnesota. Sí, menos botas en el terreno, pero no se emocionen, que esto no es un retiro, sino un «ajuste estratégico» post caos.
Homan, en una rueda de prensa que parecía un pitch de startup, celebró una «colaboración sin precedentes» con las autoridades locales y estatales. Según él, esta unión mágica permite reducir efectivos de inmediato porque ahora todos trabajan bajo una «cadena de mando unificada». Traducción: menos agentes del ICE corriendo como gallinas sin cabeza y más coordinación para atrapar a «extranjeros ilegales» antes de que pisen la calle. Eficiencia, le llaman.
El plan, dice Homan, es aplicar la ley de forma «inteligente». Con menos agentes en Minnesota, los que quedan pueden enfocarse en arrestar a «delincuentes extranjeros» sin tanto circo. Este recorte llega tras un escándalo mayúsculo: la muerte de manifestantes en protestas contra la brutalidad del ICE, que le costó el puesto al exjefe de la CBP, Gregory Bovino. Homan, enviado por Trump, insiste en que la ley de inmigración se cumplirá, pero promete menos «daños colaterales». ¿Será?
La tensión en Minnesota está más caliente que un chile relleno, y este recorte parece un intento de bajar el fuego. ¿Funcionará o solo es maquillaje para calmar las aguas? Mientras tanto, Homan juega al equilibrista entre mano dura y sonrisas diplomáticas. Esto pinta más complicado que armar un mueble de IKEA sin instrucciones.


