¡Sorpresa post-diálogo! Estados Unidos soltó el viernes un nuevo paquete de sanciones contra las exportaciones petroleras de Irán, apenas después de una ronda de charlas en Omán. Como si fuera un reality show, la trama se complica: las medidas apuntan a 15 entidades, 2 personas y 14 buques de la misteriosa “flota fantasma” iraní, incluyendo barcos con bandera de Turquía, India y Emiratos Árabes Unidos.
El Departamento de Estado, por boca de Tommy Pigott, acusó a Irán de usar las ganancias del petróleo para “financiar actividades desestabilizadoras” globales y apretar la represión interna. Donald Trump, fiel a su estilo de “máxima presión”, promete cortar de raíz estas exportaciones ilícitas de crudo y petroquímicos. Desde su primer mandato (2017-2021), EE. UU. ha jugado duro con sanciones para que otros países dejen de comprar petróleo iraní, como quien boicotea al vecino que hace fiestas ruidosas.
Mientras tanto, el ministro iraní Abás Araqchi se reunió con enviados de Trump en Omán para discutir el programa nuclear de Teherán, describiendo el encuentro como “positivo”. Esto, en medio de tensiones tras la violenta represión de protestas masivas en Irán, las más grandes desde la revolución de 1979. Trump, nunca sutil, ha amenazado con fuerza militar y reforzado la presencia de tropas cerca de las costas iraníes, como quien aparca un tanque en el jardín del rival.
Así que, ¿diálogo o puño de hierro? EE. UU. juega a dos bandas, hablando de paz mientras saca el látigo de las sanciones. Esto pinta más enredado que un culebrón persa en horario estelar. ¿Habrá tregua o más petróleo en el fuego? Solo el tiempo lo dirá.


