Ghislaine Maxwell, la mano derecha de Jeffrey Epstein en su turbio imperio, ha lanzado una oferta que parece sacada de un thriller de bajo presupuesto. Condenada a 20 años por tráfico de menores, quiere limpiar el nombre de Donald Trump a cambio de un indulto. Sí, como si la cárcel fuera un trueque de mercado.
Su abogado, David Oscar Markus, soltó la bomba en una comparecencia telemática ante la Comisión de Supervisión de la Cámara de Representantes. Según él, Maxwell está lista para “hablar de todo con honestidad” si Trump le da el pase libre. Asegura que solo ella tiene la verdad absoluta y jura que tanto Trump como Bill Clinton son inocentes. ¿Un lavado de imagen o un intento desesperado de salir del tablero de juego? Markus insiste en que el público merece sus explicaciones, aunque suene más a guión de telenovela que a confesión sincera.
Maxwell, astuta como siempre, se acogió a la Quinta Enmienda para no incriminarse durante la sesión, mientras los archivos de Epstein siguen destapando nombres de políticos y celebridades. Los demócratas, como Melanie Stansbury, la acusan de querer comprar su libertad con silencio selectivo. Meanwhile, las víctimas de la red de Epstein advierten a los congresistas que no se fíen de ella. La describen como la “arquitecta central” del esquema de tráfico sexual, una mente maestra que nunca ha colaborado con las autoridades ni delatado a los peces gordos.
Epstein, arrestado en 2019 y hallado ahorcado en su celda, dejó un legado de escándalos que salpica a figuras como el príncipe Andrés, Clinton y Trump. ¿Será Maxwell una caja de Pandora o solo una jugadora más buscando el “salir de la cárcel gratis”? Esto está más enredado que un chisme de vecindario.


