En un guion digno de una película de bajo presupuesto, una organización criminal en Concordia, Sinaloa, secuestró a trabajadores mineros el pasado 23 de enero, confundiéndolos con rivales de su propia telenovela delictiva. Según Omar García Harfuch, secretario de Seguridad, estos pobres mineros fueron interceptados por un grupo armado que claramente necesita gafas o un mejor guion.
Resulta que los mineros, empleados de una empresa en la zona serrana de Concordia, no tenían ni un solo tatuaje de pandillero ni antecedentes de nada más sospechoso que llegar tarde al trabajo. Pero en medio de una guerra de egos entre células criminales, los confundieron con enemigos. Declaraciones de detenidos y operativos federales revelaron este error de casting, aunque las autoridades insisten en que siguen investigando para encontrar al director de esta tragicomedia y su cadena de mando.
Tristemente, el final no fue de comedia. Este lunes, varios de los mineros desaparecidos fueron hallados sin vida en fosas clandestinas en la sierra de Concordia. Gracias a peritajes y el apoyo de las familias, se confirmó su identidad, desatando una ola de indignación en el sector minero nacional. Organizaciones y cámaras empresariales exigen justicia, claridad y seguridad para quienes trabajan en zonas donde el crimen organizado parece ser el único con contrato fijo.
Mientras los operativos en Sinaloa continúan, el caso destapa una vez más el peligro de laborar en territorios donde el Estado parece estar de vacaciones. ¿La moraleja? Hasta los villanos necesitan un buen departamento de recursos humanos para evitar estos desastres de identificación.


