¡Escándalo en el menú! Howard Lutnick, secretario de Comercio de EE. UU., jura que no tuvo nada que ver con Jeffrey Epstein, el difunto rey de los secretos turbios. En una audiencia del Senado, Lutnick insistió que apenas cruzó caminos con el financista durante 14 años. ¿Amigos? Ni de lejos, dice.
Resulta que el Departamento de Justicia soltó archivos del caso Epstein que hacen que las declaraciones de Lutnick suenen como un guion de comedia barata. Antes juraba que cortó lazos hace más de 20 años, pero ahora admite un almuerzo con Epstein, su esposa y sus hijos en Nueva York. ¿Un almuerzo familiar con un tipo condenado por crímenes turbios en 2008? Eso es más sospechoso que pedir pizza hawaiana en una pizzería italiana.
La presión sube como la espuma de una cerveza mal servida. El senador demócrata Adam Schiff y el republicano Thomas Massie coinciden por primera vez en algo: quieren a Lutnick fuera ya. Schiff lo dijo el lunes con cara de drama de Netflix, y Massie lo remató un día antes. En el Senado, Lutnick trató de salvar el pellejo, pero sus excusas suenan como un niño atrapado con las manos en el frasco de galletas.
Epstein, cuya muerte en prisión fue catalogada como suicidio, dejó un legado de conexiones tóxicas con políticos y celebridades que sigue explotando como una bomba de confeti en una fiesta de mal gusto. ¿Y Lutnick? Sigue patinando en hielo fino. ¿Sobrevivirá este culebrón o terminará como un meme olvidado en el grupo de WhatsApp del gobierno? Solo el tiempo, y tal vez otro almuerzo incómodo, lo dirá.


