La Secretaría de Marina, junto con la Armada de México y la Fiscalía General de la República, le dio un golpe bajo a la diversión ilícita en Nayarit. Entre el 29 de enero y el 5 de febrero, aseguraron 39 máquinas tragamonedas, apodadas “Habichuelas”, en Bahía de Banderas, Jala, Ixtlán del Río y Compostela. Estas maquinitas, que no tenían ni un triste permiso para operar, fueron confiscadas en dos operativos distintos y entregadas a las autoridades para armar las carpetas de investigación.
Pero esto no es solo un drama de monedas y luces parpadeantes. Fuentes federales, citadas por Infobae México, revelaron que estos cacharros suelen ser imanes para el crimen organizado, funcionando como centros de reclutamiento y venta de drogas. Por la zona donde las encontraron, todo apunta al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) como el dueño del casino clandestino. ¡Vaya manera de diversificar el negocio!
Mientras tanto, en Michoacán, el gobernador Alfredo Ramírez Bedolla no se quedó con los brazos cruzados. El 5 de febrero anunciaron la destrucción de 803 tragamonedas decomisadas, que generaban unos jugosos 9.8 millones de pesos mensuales en ingresos ilegales. Bedolla hizo un llamado a los ayuntamientos para erradicar estas “máquinitas”, que disfrazadas de entretenimiento, alimentan al crimen con cada moneda que tragan.
El gobernador alertó que estas máquinas, instaladas en farmacias y tienditas, se imponen con extorsión y amenazas, convirtiendo negocios inocentes en nidos de peligro. Según él, cada peso que cae en esas tragamonedas financia a la delincuencia. ¿La solución? Decomisos y mano dura para recuperar la paz. Porque, seamos sinceros, estas Habichuelas no son un juego: son la lotería del crimen organizado.


