Claudia Sheinbaum, presidenta de México, se puso el sombrero de mediadora internacional este lunes desde Palacio Nacional. En su mañanera, propuso que México sea el punto de encuentro para un diálogo pacífico entre Estados Unidos y Cuba, en medio de la tensa novela que viven ambos países. ¿El objetivo? Que la isla reciba petróleo y derivados sin que nadie salga sancionado.
La mandataria aseguró que ya le mandó la invitación al Departamento de Estado de EE. UU., liderado por Marco Rubio, y a la embajada gringa en México. “Ponemos todo de nuestra parte para que haya plática civilizada, respetando la soberanía de Cuba”, dijo, como si fuera la anfitriona de una cena incómoda entre exes. Sheinbaum insistió en que México busca que Cuba tenga combustible para su día a día sin que el Tío Sam ponga el grito en el cielo. Eso sí, aclaró que la última palabra la tienen las partes involucradas.
Mientras tanto, México no se queda de brazos cruzados. Hoy llegan barcos con ayuda humanitaria a Cuba, y apenas regresen, Sheinbaum promete enviar más apoyo. Desde el lunes, ya se mandaron dos buques con 814 toneladas de víveres, desde arroz hasta jabón, para aliviar la crisis energética y el desabastecimiento que azota la isla, culpa, según ella, de las sanciones estadounidenses. Pero no todo es miel sobre hojuelas: Ricardo Anaya, del PAN, aplaudió la ayuda, aunque exigió transparencia y que se entregue vía Cruz Roja para evitar que se politice. También pidió que Sheinbaum critique al régimen cubano y defienda derechos humanos.
Total, México juega a ser el amigo que presta el sofá para que la pareja discuta. ¿Funcionará este matchmaking diplomático? Habrá que esperar a ver si Cuba y EE. UU. aceptan sentarse a la mesa o si seguimos en el drama de telenovela caribeña.


