¡Atención, Oriente Medio! El Pentágono está enviando al USS Gerald R. Ford, el portaaviones más grande y nuevo de EE. UU., desde el Caribe hasta sus aguas turbulentas, como si fuera un Uber de lujo para tensiones internacionales. Este viernes, funcionarios confirmaron a Reuters que se unirá al Abraham Lincoln, duplicando la apuesta naval en plena bronca con Irán.
El Ford, que ha estado paseando por el Caribe y metido en operaciones en Venezuela este año, partirá “muy pronto”, según Donald Trump, quien soltó con su clásico drama: “Si no hay acuerdo, lo necesitaremos. Y si lo necesitamos, estará listo”. Vamos, como un amigo que lleva el extintor por si la fiesta se desmadra. Tardará al menos una semana en llegar, tiempo suficiente para que Irán se pregunte si esto es un farol o un jaque mate.
Con solo 11 portaaviones en el arsenal yanqui, mandar dos a la misma zona no es moco de pavo. La última vez fue el año pasado, cuando EE. UU. atacó instalaciones nucleares iraníes. Ahora, el Ford, con su reactor nuclear y más de 75 aviones como los F-18 Super Hornet, se suma a destructores y aviones de vigilancia. Trump insiste en un acuerdo con Irán en el próximo mes, advirtiendo que, si no, será “muy traumático”. ¿Traumático como qué? ¿Como un reality sin final feliz?
Mientras la Marina se queja de que estos despliegues largos bajan la moral, el Ford cambia de planes como quien cambia de playlist. ¿Resultado? Un juego de portaaviones que parece más intenso que un episodio de “House of Cards”.


